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Cine Baguette | September 26, 2017

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Crítica de “Luz Nocturna” (Nachthelle – 2014) de Florian Gottschick

Reseña por Sergio Sandoval

Coescrita y dirigida por el joven cineasta alemán Florian Gottschick, Luz Nocturna (2014) relata el incómodo encuentro de dos parejas que pasan un fin de semana en una casa de campo, donde tendrán que desandar vidas pasadas a la vez que cuestionar sus presentes y sus futuros.

Anna (Anna Grisebach) y Stefan (Vladimir Burlakov) conforman la primera pareja: ella ha decidido vender la casa rural donde transcurrió su infancia, pero antes de “deshacerse del asunto” quiere pasar un par de días en ella, y él simplemente se pregunta por qué no han ido antes a aquella casa tan bonita y acogedora. La casa, que se encuentra en una localidad de explotación minera del Este de Alemania, está todavía intacta, congelada en el tiempo, y al ser habitada de nuevo se convierte en un lugar donde convergen recuerdos intrigantes y múltiples realidades.

Por otro lado, Bernd (Benno Fürmann), amigo de infancia de Anna y quien ha ayudado en el proceso de venta de la casa, decide acompañar a la pareja durante su corta estadía. Con él, también se nos presenta a Marc (Kai Ivo Baulitz), psicoanalista y pareja de muchos años de Bernd.

Al principio todo es plácido: el encuentro de viejos amigos, el clima veraniego, el desayuno en el jardín, las copas de vino tinto… Pero el encanto no dura, y muy temprano las cosas cambian de claro a oscuro cuando nos damos cuenta que Bernd y Anna no son únicamente viejos amigos, sino que en el pasado y por cuatro años tuvieron una relación amorosa muy importante para ambos.

Una relación que parece no haber sido superada completamente a pesar del tiempo y la distancia, lo que queda en evidencia en miradas y silencios incómodos durante la cena. Y como si esto no fuera suficiente para agitar la dinámica de las parejas, poco a poco nos damos cuenta que Marc y Bernd llevan una relación abierta, y que Marc muestra un interés especial por Stefan, que frente a todo esto, reacciona con ambigüedad y curiosidad. “Si lo tocas te mato”, le vocifera Anna a Marc al oído, en una amenaza severa que no nos resulta exagerada, sobre todo porque en la primera mitad de la película se nos devela un hecho trágico de la adolescencia de Anna, que ocurre cuando esta aún era novia de Bernd, y que involucra a otro chico de la escuela, un episodio de celos, un pueblo anquilosado y un desenlace fatal.

Con mucha audacia la película no desarrolla el develar de estos hechos a manera de thriller pasional; en cambio, Gottschick le da una vuelta inesperada al film doblando las puntas del relato para convertirlo en un drama psicológico y filosófico. Psicológico porque nos adentra de manera creativa en la psique de Anna y filosófico porque es capaz, de manera muy sutil, de plantear preguntas sobre los seres humanos en tanto individuos sensibles.

La película no es tímida para complicar los eventos, incluso a un punto inverosímil y surrealista, que quizás no cierra del todo y que muchos han criticado de “incongruente” o “demasiado confuso”, pero que personalmente considero la herramientas más valiosa del film.

En un loop narrativo ingenioso, la linealidad del argumento se rompe y relata los acontecimientos de nuevo, solo que esta vez a través de los ojos de Anna, que en una verdadera experiencia extracorporal, revive el fin de semana. Esto último quizás nos dé más pistas para corroborar lo que ya sospechábamos, o quizás, al tratarse de una subjetividad alterada, nos confunda más y nos haga dudar de lo que realmente ha sucedido. Lo cierto es que esta decisión de bifurcar la historia nos ofrece (al menos) dos posibilidades, dos modos de recontar los hechos, dos finales y muchas, muchas posibles interpretaciones. Y aquí se encuentra el principal mérito de la película.

Luz nocturna es una tormenta perfecta de sentimientos. La interacción de ambos binomios de personajes indaga, con distintos grados de profundidad, en los celos, la fidelidad, el egoísmo, la culpa, el sexo y la estabilidad mental en las relaciones de pareja. No de manera menor, la película también toca el tema del “poliamor”, y lo hace de forma muy original: sin tener que sexualizar o ni siquiera erotizar nada, y acuñando una dimensión de salud mental que pocas películas se han atrevido a desarrollar cuando abordan este tema.

Todos estos elementos se nos presentan como zonas emocionales y psicológicas contiguas o incluso superpuestas y entretramadas. La película nos recuerda que somos seres complejos, y nos deja ver, sin ninguna intención de ser aleccionante, que la mejor manera de empezar a comprender esa complejidad es confrontarnos a nosotros mismos, incluso cuando la noche de nuestro sentir sea muy oscura.

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